Àlex Rovira: Lo que le da sentido a la vida es el amor. Vivimos porque hay alguno al que queremos o alguna cosa a la que queremos. Si no tenemos amor, caemos en la depresión.

Por Antonia Utrera

Àlex Rovira (Barcelona, 1969), acaba de publicar su último libro titulado “Amor”. ES autor, entre otros de Best Sellers internacionales como “La buena suerte”, que se ha traducido a 43 idiomas, con nueve millones de copias vendidas. “La Brújula Interior” y “El laberinto de la Felicidad”. A través de sus libros, reivindica el poder de la bondad, la voluntad, la responsabilidad, la generosidad, la cooperación, el propósito, la confianza, la amabilidad, la entrega y la alegría. Le encanta la etimología. Irse al origen de las palabras, convencido del poder transformador que estas tienen. Nos encontramos en la calle Beethoven de Barcelona, en el restaurante Farga, que en estos momentos está acogiendo la exposición “Paisajes Misteriosos” del autor Vitaliy Leshukov.  Estas imágenes que nos envuelven de belleza, vitalidad, serenidad e inspiración, encajan con nuestro entrevistado a la perfección.

Autor de Best Sellers internacionales, más de 15 libros publicados, de todos ellos, hay alguno que sea más especial para ti?

A mi primer libro, “La brújula interior”, le tengo un afecto especial. También han tenido mucho impacto “La buena suerte”, “El laberinto de la Felicidad”, “Los 7 poderes”, “La Buena Vida”, “Alegría”, “Cuentos para quererte mejor”, y este último “Amor”. Estos 7 son libros a los que les tengo un cariño especial, a los que siento mas en mi corazón.

El pasado 28 de Febrero presentabas “Amor”

Amor es un libro que no habla solamente del amor de pareja. Hace una reflexión sobre el amor en general: el amor al amigo, el amor a la pareja, el amor a los hijos, a la naturaleza, a los perros, al arte. Se estructura en tres grandes apartados. Primero: querer es cuidar. En segundo lugar, “querer” es la voluntad de comprender la singularidad de eso que queremos, y así se nos permite cada vez, cuidarlo mejor. Y en tercer lugar, querer es inspirar, hacer crecer el objeto de nuestro amor. Y para cada uno de estos tres, Cuidar, comprender e inspirar, desarrollo una serie de reflexiones y de herramientas concretas para trabajar el amor. También a uno mismo, pero sobre todo a eso que queremos.

Cuando hablamos de amor, normalmente pensamos en el amor que recibimos y pocas veces en el amor que damos.

El amor ha de ser un balance. Se ha de tener un equilibrio entre el dar y el recibir. Así como no tiene sentido mantener una empresa que está dando perdida, cuantas personas están en una relación personal de perdida continua en la relación, que no reciben o que sencillamente eso que dan no es valorado. Dicen que el amor es ciego, y no es verdad. El amor tiene que ser lucido. Tiene que ser pensado, balanceado, como la vida, en la que se tiene que hacer de tanto en tanto un balance existencial.  Por eso, me agrada definir al amor como la voluntad de comprender, la voluntad de cuidar y la voluntad de inspirar. Que esté dando, pero también, para la otra parte, que esta esté recibiendo. Te sientes cuidada en “tu amor”? Te sientes comprendida? Te sientes inspirada? Si respondes a alguna de estas tres preguntas con un “no”, la cálida del amor puede ser muy mejorable.

Pero también cabe preguntarnos si yo cuido, comprendo e inspiro al otro.

Totalmente. En esto del amor, yo siempre hago la comparación con el tamaño de los recipientes. Hay personas que son un océano, y en seguida, con un poco que dan, llenan el vaso del otro. Pero si el otro es un gotero, por mucho que te den, no te sentirás pleno. Es importante conjugar los dos movimientos: dar, pero también recibir. Porque ¿Cuántas veces sostenemos relaciones en las cuales estamos mal queridos o mal queridas?

El amor se está poniendo de moda. Hasta el slogan de un partido político para las próximas elecciones dice que “el amor venza al odio”

Yo diría más que el amor convenza al odio, porque vencer implica someter y derrotar. Yo lo habría matizado con la frase “que el amor convenza al odio”. El contrario del amor no es el odio. El contrario del amor es la indiferencia. Si odias mucho a alguno, es porque has sentido que tu amor ha sido traicionado profundamente.

Todos tus libros, en realidad, hablan del amor.

Si. Hay una mirada transversal sobre la conjugación del verbo querer en todos ellos. En “La Brújula Interior” es tu vocación la que te grita a tu corazón aquello que tienes que hacer para poder hacer lo que te gusta. En “La buena suerte”, se trata de cómo crear las circunstancias para poder mejorar la vida de todos, porque la buena suerte si no es compartida no existe. En “Los 7 poderes”, el ultimo poder es el amor, que es el más importante de todos. Es cierto que siempre ha existido esta mirada.

La alegría también…

También es fundamental. La alegría es la emoción gracias a la cual nace el sentimiento de filiación, de querer estar juntos. Si Siempre me ha agradado reflexionar sobre la dialéctica emocional, psicológica, de los seres humanos y especialmente sobre aquellas cosas que podemos hacer para mejorar colectivamente la realidad que estamos viviendo. Y una de estas cosas que podemos hacer para mejorar esta realidad, sin lugar a dudas la más importante, es el amor. De hecho, lo que da sentido a la vida es el amor. Vivimos porque hay alguno al que queremos, o alguna cosa a la que queremos. Si no tenemos amor, caemos en depresión.

Lo que nos da sentido a nuestras vidas…

El sentido de la vida está muy vinculado al amor. Viktor Frankl lo ha explicado mejor que nadie. Quien tiene un “por qué” vivir, encontrara siempre un “como”. Vivir implica un nexo con alguno, o con alguna cosa. Vivimos para querer y crear.

Un sentido para seguir viviendo..

Si Como dice en su libro Frankl, quien va a sufrir el holocausto Nazi en Auschwitz, seguir viviendo para cuidar aquel perrito que se encontró en la calle el otro día, o porque le queda un amigo vivo, porque quiere aprender a escribir o porque quiere visitar el pueblo donde nacieron sus abuelos, o porque quiere reconstruir la ciudad que ha sido dinamitada. Lo que nos une a la vida, estoy convencido, es la voluntad de querer y eso es lo que nos da sentido. La vida, en realidad, no tiene un sentido objetivo. Es más, en momentos de dificultad, de sufrimiento, la vida no tiene sentido. Lo que hace, literalmente, que “valga la pena” seguir adelante, es tener un punto fuerte, que nos de un vínculo estable, la confianza, la gratitud, el reconocimiento, la ternura. Gracias a todo eso seguimos viviendo.

Se habla mucho del éxito y muy poco del fracaso, como si este último fuese un tabú. Se puede crecer internamente sin fracaso?

Yo pienso que no, que es imposible y que la palabra “fracaso” esta culturalmente muy ligada a la vergüenza. En cambio, para mí, la mejor fuente de aprendizaje es el ensayo y el error y a partir del error y la conciencia y la rectificación, se revela la maestría. Cuando hay una buena intención de hacer las cosas bien y las cosas no funcionan, ya sea un proyecto, una relación de pareja, lo que sea, según algunas culturas, el error es mucho más percibido como un camino imprescindible de aprendizaje.  En nuestra cultura es, en cambio, algo que hay que esconder. Y esto genera una inhibición muy grande a la hora de la transformación humana, porque si vives una equivocación como una vergüenza, la perfección no se logra inmediatamente, y por tanto, necesitas muchos procesos, mucha determinación y perseverancia, y mucha dinámica de ensayo y error para desarrollar la maestría de cualquier disciplina de la vida. El sufrimiento puede ser productivo. En el inicio es estéril, pero si de este sufrimiento nace una reflexión profunda…

Y Humildad..

Humildad para reconocer aquello en lo que te has equivocado. Una cierta falta de vanidad.  Par mi, humildad y gratitud son dos valores fundamentales para la expansión de la conciencia. Saber desprenderse de aquello que no necesitas; saber desprenderte de tu propia vanidad, de tus falsas creencias, de tus comportamientos de inercia… puede ser tremendamente libertador. En realidad, lo que no cambias por convicción lo cambias por obligación. Muchas veces, ello se produce a partir de una crisis. Crisis, crisálida, crisol… La transformación, cuando no surge de la voluntad de transformarte sino porque la vida te aprieta, lo hace pasar por la patina de la humildad, y eso que niegas acabará repitiéndose necesariamente. Ya lo decía muy bien Jung: “lo que niegas te somete, y lo que aceptas te transforma”.

Es necesaria una reflexión profunda…

El fracaso tiene que ir acompañado de reflexión. Y que esta reflexión te lleve a un nuevo hábito, a un nuevo comportamiento, porque  comprender racionalmente todo esto no garantiza en absoluto que se ponga en práctica. Hay mucha gente que comprende pero no hace, y entonces, esta comprensión es estéril. “Si, eso ya lo se”. Si, pero: lo aplicas? Decir la palabra agua no me mojará jamás. La piensas. Cognitivamente la tienes allí, pero la transformación tiene que ser operativa.

Encontrar maneras de inspirarse, nos ayuda.

Inspirar quiere decir expandir, y por tanto también hace falta una reflexión sobre los elementos que nos inspiran, cuáles son nuestras fuentes de inspiración: un buen libro, una buena conversación, una buena película, una buena novela, un buen libro de poesía, la observación de la naturaleza, una buena práctica deportiva, una actividad creativa, artística, el fango, la pintura, la fotografía, la imagen, la luz. Observar, contemplar, integrar… fundamental. Aquí hay inspiración.

Somos seres sociales. No estamos aislados.

Si, lo que crea una frontera con el otro no es tanto lo que se “es”, sino nuestras creencias sobre lo que “se es”, nuestros prejuicios, nuestras proyecciones, lo que yo pienso que el otro piensa sobre mi. Hay mucha contaminación y también hay mucho miedo. Y por tanto, el trabajo personal de reflexión, de introspección, de meditación, de observación, es imprescindible para poder separar la paja del trigo y poder ver hasta que punto las relaciones que tenemos son de calidad o no, y que estemos nosotros contribuyendo consciente o inconscientemente con esta calidad.

Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Yo creo que la observación de la cotidianeidad, y sobre todo la reflexión sobre el sufrimiento humano. Desde muy pequeño, cuando veía a alguien sufrir, decía: por qué sufre? Y por qué le han hecho sufrir? Por qué hay gente que disfruta de hacer mal? Donde está el origen de la perversión? Por qué hay gente que se hace mal sin querer hacerse mal? Por qué hay personas que, queriendo entenderse, no lo hacen? Por qué la gente se victimiza y, teniendo una puerta abierta, no la ve, y cuando se la enseñas no quiere verla? Por qué quiere estar encerrada en la jaula? Todos estos comportamientos paradoxales, me han llevado a investigar el universo de la psicología.

Tus libros siempre giran en temas vinculados con filosofía, la psicología, pero tu has estudiado Ciencias Empresariales?

Yo estudié Ciencias Empresariales, pero mi vocación es la psicología y la medicina. También me gustaba mucho la biología y la astrofísica. Mi padre tenía un taller de artes gráficas y me dijo si lo podía ayudar, pero eso me di cuenta que no era mi vocación. Siempre me interesó la psicología. No soy psicólogo, pero si trabajé en muchos talleres y con grandes maestros de la psicología. 14 años de psicoanálisis creo que también te ayudan a entender algunas cosas.

Acabas de cumplir tus 50 años –naciste el 1ro. De Marzo de 1969. Cómo te sientes? En qué forma llegas a esta edad?

La verdad es que llego bien. Los últimos tres años han sido muy duros. Mi padre murió hace seis meses, y yo lo adoraba. Y lo he pasado muy mal, pero ahora descansa en paz finalmente. Estoy bien, cuidando a mi madre y a la hermana, que va a ser la gran cuidadora de mi padre. Tengo unos hijos maravillosos, maravillosos… Tres hijos: Laia de 22, Pau de 21 y Mariona de 13, que son unas personas extraordinarias. Tengo una pareja a la que quiero muchísimo. Estoy muy a gusto con Andrea, un trabajo que me gusta… viajo mucho, demasiado. Es una cosa que quiero reducir de aquí a un tiempo.

El 23 de abril, día de Sant Jordi, tan celebrado aquí en Cataluña, volveremos a verte firmando tu último libro “Amor”.

Estaré firmando durante todo el día en 8 o 9 lugares, me parece. Si, Sant Jordi es un día precioso. Flores y libros. Una combinación divina, a mí me encanta! La llegada de la primavera, el olor que hay en el aire, la luz, el verde de los brotes de los árboles, la gente que sale con alegría, la vida, la vida gritando, y tanto!

El 23 de abril tenemos una cita contigo y con tu último libro “Amor”.

Por Antonia Utrera.

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