Por: Antonia Utrera.-

Josep Maria Pou (Mollet del Vallés, Barcelona, 17-11-1944) no concibe la vida sin libros, estar en una librería es para él estar en un espacio sagrado, como lo sería estar en una iglesia, por eso para esta cita, nos encontramos en una librería de proximidad, en la emblemática Librería Síntesis de Barcelona. Con más de cincuenta años dedicado al oficio de actor, se ha ganado el respeto y la admiración de todos.

¿Nos hacemos grandes o nos hacen grandes?

Nos hacemos grandes, hemos nacido para hacernos grandes y suerte que es así. Cuántas personas tristemente, no han llegado. Yo estoy muy contento de hacerme grande. Me gusta mucho ir cumpliendo años. Aunque de repente me he dado cuenta que me hacía grande, sobre todo el año pasado, cuando cumplí los setenta cinco, «Ostras Josep María, que te haces grande…» pero por suerte, el espíritu, por dentro, y la cabeza, es de dieciocho años, la misma ambición y sobre todo una cosa para mí fundamental, la misma curiosidad. Yo creo que el que hace que la gente envejezca y se vaya secando, se vaya cerrando, es la carencia de curiosidad, creo que se tiene que tener curiosidad por todo lo que pasa a tu alrededor, en tu país, en el mundo… Mientras tengas curiosidad, eres joven.

De hecho la curiosidad puede salvarnos…

Y es también la puerta que nos abre a la cultura, la educación… Curiosidad es también hacerse preguntas que te obligue a encontrar respuestas. La curiosidad es fundamental.

En el momento del confinamiento estaba haciendo «Justicia» al Teatro Nacional de Cataluña…

Si inauguramos con un éxito de audiencia brutal. Y el 12 de marzo nos llegó que se tenía que cerrar por el confinamiento de la covid-19 y la función quedó sin acabar su temporada y con un montón de gente que ya había comprado la entrada porque estaba todo vendido hasta el final, teníamos que haber acabado a finales de marzo.

¿Justo después teníais que hacer la obra que estrenasteis el año pasado en Mérida «Viejo amigo Cicerón»?

Sí, pero como no se pudo por el confinamiento quedó en standby y ahora sí, el 17 de septiembre hasta finales de enero empezaremos de nuevo con «Viejo amigo Cicerón» dirigido por Mario Gas, una gira por toda España y por toda Cataluña.

¿Podemos vivir sin teatro?

El teatro ha acompañado al ser humano desde el inicio de los tiempos. El teatro nacido en la antigua Grecia  ya  estaba en sociedades primitivas anteriores, por la necesidad que tiene el hombre de verse representado objetivamente, por esta necesidad vital que sigue siendo inherente al hombre. Podríamos decir que sí que podemos vivir sin teatro, hay mucha gente que no ha ido nunca al teatro y no irá nunca. Aun así, yo pienso que no podemos vivir sin teatro del mismo modo que no se puede vivir sin música, sin leer, sin estar rodeado de arte, sin contemplarte a ti mismo. Yo no creo que podría vivir. La respuesta seria: se puede, pero no se  debería…»

¿El teatro nos ayuda a reflexionar?

En un primer mundo como el que vivimos en nuestra sociedad, yo creo que no se puede vivir sin pararte en algún momento a reflexionar sobre ti y lo que te rodea, y sobre quién eres, y sobre lo que haces, y sobre lo que hacen a tu alrededor. Y este momento de reflexión se encuentra en el teatro. Creo que es imprescindible el teatro para cumplir esta misión, del mismo modo que alguna vez me ha gustado decir y lo repito, el teatro es curativo, es medicina, es consuelo, el ser humano necesita de vez en cuando, en esta locura de mundo que estamos viviendo, más aun ahora, llenos de miedos y de dudas, ojalá se hubiera podido ir al teatro durante esta etapa del primer confinamiento, porque no es lo mismo pasar estas angustias que estamos pasando y estas dudas, en soledad, que pasarla acompañado con otras personas que no conoces, pero con las cuales compartes durante unas horas de tu vida, reflexionando, pensando y divirtiéndote también, porque no es incompatible, esto es un consuelo muy grande, te das cuenta que no estás solo, que formas parte de un colectivo que te acompaña y al que le pasan las mismas cosas que a ti.

El teatro como punto de encuentro…

Ser actor es un regalo de los dioses, un privilegio, mi oficio me ha dado el privilegio que mucha gente no tiene de meterme en la vida de muchas personas diferentes y vivir situaciones y experiencias, aunque sean falsas, arriba del escenario, con las cuales el actor tiene la obligación de meterse como si fueran totalmente verdad… Y esto también pasa con las personas que vienen a verte, buscando también vivir nuevas experiencias, emocionarse y sobre todo, emocionarse en colectividad, rodeado de gente que quizás no conoces, pero en aquel momento os habéis emocionado todos juntos, esta es una de las grandes cosas del teatro.

El teatro, un juego de mentiras bellísimo…

El actor es el gran mentiroso pero dice mentiras sin engañar. El público está dispuesto a escuchar mentiras para aplicarlas después a la verdad, no se siente engañado porque sabe que aquel que sale al escenario, sabe que hará mentiras. No como algunos políticos y líderes, que salen allá sabiendo que tienen que decir la verdad. Muchas historias que se representan en teatro y en el cine son verdad.

Hace falta que la mentira sea perfecta…

El público te pide que mientas y está dispuesto a escuchar mentiras. El público dice «ahora quiero que me mientas, que me expliques historias que yo sé que son verdad». Y es así que voy aprendiendo cosas para aplicarlas a mi verdad. Ir al teatro es ir a vivir experiencias, otras vidas que de normal no vivirías. Y todo esto no solo para el momento presente sino también como experiencia que sirve para más adelante.

 Más de 50 obras de teatro y más de 60 películas…

La primera vez que pisé un escenario como actor profesional fue el octubre del 68 con Adolfo Marsillach, en el Teatro Español de Madrid, aunque ya llevaba años haciendo teatro universitario, de aficionados, aquí en Cataluña.

¿Cómo fueron los inicios?

Fui a estudiar a la universidad laboral de Tarragona. Iba para una carrera técnica, ingeniería industrial, pero no porque lo hubiera elegido yo, en absoluto. En aquella época ir a la universidad era muy caro, solo podían aspirar a ir los hijos de familias acomodadas. Yo era hijo de una familia obrera. Mi padre pidió una beca para mí, sin que fuera iniciativa mía, aprobé las pruebas y gané una beca con catorce años. Y todo esto era lo contrario de lo que yo quería hacer, que era filología inglesa, humanidades…. Pero estuve allí durante seis años. Finalmente suspendí oficialmente de manera voluntaria en unas asignaturas fundamentales que significaban perder la beca. Suspendí, me quitaron la beca y me dijeron que no podría continuar y yo feliz y contento. Fue allá en la universidad, que empecé a hacer mucho teatro.

Y allí lo descubrió…

No, lo descubrí mucho antes. Yo soy de un pueblo,  Mollet del Vallés. Mi padre formaba parte del grupo directivo responsable del grupo de teatro del Centro Parroquial de Mollet. En aquella época todos los pueblos de Cataluña tenían un grupo de teatro aficionado que hacía funciones cada sábado ó domingo. Es una tradición que todavía se mantiene y yo tengo recuerdo desde muy pequeño, cinco o seis años.  Ir al teatro era un hecho fundamental en casa,  cada domingo después de comer y de tomar el café y hacer la sobremesa, nos cambiábamos y toda la familia nos íbamos al teatro. A mí me parecía que aquello era una cosa que hacía todo el mundo. Esto es lo que me aficionó al teatro. Y otra cosa que me aficionó mucho es que mi padre era un gran aficionado al teatro como espectador. Y era también un gran aficionado a la lectura, y en casa había una biblioteca muy amplia y extensa y un gran porcentaje eran textos teatrales. Durante la semana yo leía mucho teatro de la biblioteca de mi padre.

Usted quería ser periodista.

Si, en la Universidad empecé a hacer unos programas de radio para la universidad y allí me nació una vocación de periodista que todavía la tengo, una vocación casi tan importante como la del teatro. Hice mucha práctica de radio, hacía muchos programas en directo, descubrí la comunicación directa con los otros, no a través de personajes como en el teatro, sino hablando directamente al oyente.

¿Qué criterio para escoger los personajes y las obras?

Para mí siempre ha sido muy importante, fundamental, incluso cuando era joven, más que la satisfacción personal de hacer un personaje que me diera éxito, siempre me ha movido, he tenido siempre conciencia, del compromiso de mi oficio con el público. Lo que más me ha movido a la hora de aceptar una obra o un personaje, a elegir este personaje o aquella función que pudiera ayudar al público, que pudiera decirle al público cosas interesantes. Hay muchos actores que eligen sus personajes por lucimiento personal para conseguir lo que sea, más éxito, más dinero… Yo tengo que decir que esto no me ha preocupado demasiado aunque se puede compaginar muy bien todo esto, el trabajo comercial con el trabajo artístico, pero siempre me ha gustado mucho pensar que lo que yo hacía tenía como misión principal entretener la vida de las personas durante dos horas. Siempre me ha preocupado mucho que el público no diera aquellas dos horas como perdidas, que tenga la garantía que cuando va a ver una función de teatro a la cual estoy yo como actor o como director, tenga una mínima tranquilidad y pueda pensar que aquello no será ninguna tontería, que puede ser de interés, independientemente de que después vaya y no le guste, pero esta ha sido mi intención toda la vida, trabajar textos de teatro de grandes autores, de gran calidad y todo presentado de la mejor manera posible. Esto ha sido una obsesión mía, yo esto lo resumo con una cosa que guía mi carrera de una manera obsesiva, que es el respeto al público. Moriría de vergüenza, me sabría muy mal maltratar al público, ofrecerle, convocarlo a ver un producto que esté mal, más allá de que guste o no guste. Cuando yo representé “Viejo amigo Cicerón” en el teatro Romea, estamos hablando del año cuarenta antes de Cristo, parece escrito para ahora mismo. Textos de hace dos mil años siguen siendo muy actuales. El teatro estaba lleno cada día y el público estaba entusiasmado.

Entre tantos personajes y después de tantos personajes, ¿Quién es uno?

Uno es el que queda de todos los personajes que han pasado por tu vida, ocupan un tiempo de tu vida, unos meses, unos años y después los sacas de tu vida, porque pasas a coger otro, pero cada uno de ellos deja algo, va dejando un poso, pues, el poso de todos estos personajes, esto es uno, el que queda de todos estos personajes que han ido pasante y te han ido conformando la personalidad, pero no de manera gratuita, no, cada vez que tú empiezas a ensayar un personaje, sea para el cine o la tele o para el teatro, te ves obligado a estudiarte a ti mismo por dentro para encontrar las características del personaje, encontrarlas dentro de ti, para poderlas expresar. Este ejercicio de estudiarte, analizarte a ti mismo, continuamente, muchas veces,  hace que llegues a tener un poco de conocimiento de ti mismo, qué botón tienes que apretar internamente para tener una emoción determinada. Y esto va dejando un poso. Yo soy la suma de todas estas cenizas que han ido dejando los personajes. Cada personaje que he hecho es cómo si me hubiera quemado y las cenizas de este incendio se  han ido juntando durante cincuenta años. Y «ese soy yo».

Entonces los actores no necesitáis ir al psicólogo….

No, no, no, conozco muchos actores que van mucho al psicólogo. Soy yo que no he ido nunca al psicólogo, no lo he necesitado. Ni me ha pasado nunca por la cabeza. Mi psicoanálisis, mis sesiones de terapia, las hago en el escenario cuando salgo de mí mismo y me meto en la piel de un personaje. Y es curioso, esto me cuesta de explicar, cuando tú estás con problemas, tú personalmente, yo puedo estar absolutamente obsesionado con algo, pero llegan las siete de la tarde y me voy al teatro, me saco mi ropa, me pongo la ropa de otra persona y salgo al escenario y soy otra persona y durante las dos o tres horas que hago la obra de teatro, he salido de un cuerpo que tenía problemas y me he metido en otro cuerpo. Y cuando al final de las tres horas vuelvo a aquel cuerpo que tenía problemas, el que vuelve ya es otro. Es como si hubiera pasado por la sesión del psicólogo.

Maravilloso….

Es un oficio muy apasionante el mío.

Calderón de la Barca decía que «La Vida es Sueño».

Nos ponen en esta vida, nos dan un empujón y nos dicen «adelante». Es un mapa en blanco que tú tienes que ir llenando. Pero lo más importante en la vida, creo yo, es que tienes la potestad y la libertad de llenarla cómo tú quieras, de equivocarte, de trazar rutas, pero también tienes la posibilidad de volver atrás si has hecho un dibujo mal. La vida es un mapa en blanco que te ponen delante cuando eres pequeño. Y empiezas a dibujar tus caminos, como tú quieras, con rectas, con curvas. Yo no sé qué es la vida, es una palabra muy grande, porque yo no he elegido la vida, ni yo ni nadie, nos han puesto aquí….

Ha recibido un montón de premios, Premio Sant Jordi en 1989, premio Nacional de Teatro en el 2004. En 2017 la Creu de Sant Jordi. El último en 2018, Catalán del Año… ¿Alguno que le haya gustado especialmente?

Me hace mucha ilusión, en cuanto a proximidad, la medalla de oro “Hijo Ilustre de Mollet”, pero en realidad, todos, para mi todos tienen el mismo valor. Un premio es la manera que tiene la gente de decir «te quiero», «me gusta lo que haces y como lo haces», por lo tanto para mi los premios son muestras de aprecio, de reconocimiento, semáforos que me van indicando, este es el camino, vas bien…

¿Proyectos?

Continuamos con  «Viejo Amigo Cicerón» por toda Cataluña hasta el mes de febrero. A mí me gustaría mucho retomar «Justicia» que estaba haciendo en el Teatro Nacional de Cataluña, creo que fue una mala suerte que aquella función acabara de manera tan abrupta y que tanta gente se quedara sin verla, creo que es una función muy necesaria por el público de ahora mismo, ojalá esto se pudiera materializar. Pero teniendo en cuenta la edad que tengo, setenta y seis años, ya no tengo las mismas fuerzas que antes. Mi proyecto más inmediato es tomármelo todo con mucha más calma que hasta ahora. Cincuenta y dos años trabajando…he hecho muchas cosas, la gente me ha recibido muy bien, también me toca descansar…

Usted es un hombre libre, ha elegido lo que ha querido profesionalmente, pero también a nivel personal…

Sí, me acabas de definir muy bien, es una de las cosas que llevo con más orgullo, me enorgullezco mucho de haberme construido una vida y de ser libre e independiente de casi todo. No me he creado ninguna cadena, puedo hacer lo que quiera cada día, si quiero hacer una maleta y desaparecer, puedo hacerlo, puedo dejar de trabajar ahora mismo si quiero, puedo cambiar de casa ahora mismo e irme a vivir a Londres o a Nueva York, puedo hacer lo que quiera, mi vida ha estado siempre marcada por esta cosa de que en cada momento puedo hacer lo que quiera y lo he conseguido, estoy muy contento de esto.

Felicidades, esta es una de las cosas más difíciles del mundo.

Antonia Utrera