¿Quién no quiere empezar el año dejando de fumar, cambiando de trabajo, haciendo más ejercicio o como mi hijo que para el año nuevo quiere nuestra casa en chocolate, a tamaño real? Es magnífico ponernos propósitos, nos ayudan a forjar nuestra personalidad, a conocernos más y a focalizar nuestras acciones.

¿Quién no quiere empezar el año dejando de fumar, cambiando de trabajo, haciendo más ejercicio o como mi hijo que para el año nuevo quiere nuestra casa en chocolate, a tamaño real? Es magnífico ponernos propósitos, nos ayudan a forjar nuestra personalidad, a conocernos más y a focalizar nuestras acciones.

Tómate tu tiempo.

Sin duda es un buen ejercicio sentarnos y pensar en qué y cómo queremos que sea nuestro nuevo año. Una vez hecha nuestra lista es importante establecer un diálogo sincero con nosotros mismos, reguntándonos si de verdad queremos tal o cual cambio y si este es realista. Por ejemplo, ¿de verdad quiero cambiar mi trabajo? O es que lo que pasa es que no sé cómo decirle a mi jefe que estoy hasta arriba de trabajo y necesito ayuda? ¿De verdad queremos adelgazarnos o está motivado por la presión social? ¿Es realista querer el sofá y la cama de chocolate?

Este diálogo interno, despojado de prejuicios nos ayuda a conocernos mejor, a aceptarnos tal cual somos, a poner límites que fomenten nuestra autoestima y a tomar acciones que están acorde con nosotros/as mismos/as y nuestros valores.

De 1 en 1, mejor.

También, con los avances en neurociencia sabemos que nuestro cerebro es plástico pero no está programado para cumplir con muchos cambios a la vez, y la tendencia es a abandonar y a desmotivarnos. Aparte, nosotros tenemos ciertas costumbres que las llevamos a cabo de manera automática. O sea, cuando nos planteamos 5 o 6 propósitos para el año nuevo y en febrero abandonamos, no es porque no tengamos fuerza de voluntad, motivación o que no sirvamos, sino que el planteamiento que estamos haciendo va en dirección contraria a nuestro funcionamiento como personas. Fomentar un cambio no es sólo motivación y fuerza de voluntad, también es conocer nuestros procesos internos, ayudarnos con estrategias, perseverar y aplicar en nosotros/as mismos/as, empatía. Con empatía me refiero a qué en el proceso de consecución de nuestros objetivos es importantísimos facilitarnos la vida.

Por tanto, os propongo poneros 1 o 2 objetivos como mucho a la vez y que podamos ver los resultados a corto plazo: quiero adelgazar 10 kg, entonces 1 kg por semana y cada día voy a renovar mi determinación de comer más saludable. Para facilitarlo voy a bailar con una amiga 3 veces por
semana y cada kg. que pierda me lo agradezco y me recompenso emocionalmente. Y si me ayuda, me escribo los objetivos, los dibujo, me pongo alarmas, busco ayuda de un profesional, me planifico la compra, … ¿veis por donde voy? Mantengo mi macro objetivo de 10 kg a corto plazo para ver los resultados pronto y seguir motivado/a y me ayudo a mi mismo/a como lo haría con mi mejor amigo/a.

Quizás pensáis que estar centrados en materializar uno o dos propósitos a la vez, es poco para los tiempos que corren, pero haciéndolo así tenemos más posibilidades de llegar hasta el final. Y cuando vemos nuestros propósitos cumplidos, nuestra autoestima aumenta y nos alentamos a llevar a cabo otros objetivos. Llevamos a nuestras vidas un círculo virtuoso de mejora personal. ¿Acaso piensas que conseguir el propósito es el único beneficio? Es mucho más. Piensa en ello. Cuando tú mejoras, tus
relaciones mejoran, tu trabajo mejora, tu vida, en general, mejora.

¿Me explicas tus propósitos para el 2020? Feliz 2020, lleno de objetivos cumplidos.

Noemí Farré Canela · Psicóloga coach
www.psicologiacoaching.life

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