Por: José Pérez Batanero

Tenía 11 años (ahora tengo 94) cuando empezó la guerra y tuve que hacerme cargo de mi familia. Mi sueño era ser médico, pero ese sueño se terminó en 1936. Pronto me puse a vender helados, luego a trabajar como tapicero… En 1939, con 14 años, comencé a trabajar como botones en el Hotel Regina Madrid, hasta 1953, cuando me cambié al mítico Hotel Plaza Madrid. Aunque llegué como camarero, en unos años me convertí en metre, lo que me permitió conocer a muchísima gente: Sara Montiel, Gina Lollobrigida, Sophia Loren, Elizabeth Taylor… Pero de todos los célebres personajes que tuve la oportunidad de conocer, con quien entablé una breve pero intensa amistad fue con Omar Sharif. Recuerdo cuando hizo de Doctor Zhivago, cada vez que íbamos a tomar algo todo el mundo se acercaba para que les firmase autógrafos… Entre otras amistades, también recuerdo la de un médico portugués que iba y venía del hotel. Y en una de estas venidas, llegó muy triste, con la cabeza gacha, llorando. Se había muerto su mujer. Yo intenté ayudarle; le recordé que así era la vida y, que igual que él decía a sus pacientes que tenían que reponerse ante las adversidades, él debía hacer lo mismo. Podría decirse que ejercía un poco de psicólogo también; todas las penas las arreglábamos con champán. La verdad es que fui muy feliz trabajando en el hotel. Hablaba inglés, francés y también aprendí un poco de alemán. En una ocasión me ofrecieron trabajar en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, con 10 000 dólares preparados para el viaje. Pero dije que no; estaba bien aquí y mi mujer no quería dejar a sus padres. De hecho, en una ocasión me encontré en San Sebastián a Francisco Franco y me preguntó que por qué no me metía en el ejército, a lo que le respondí que porque en el hotel cobraba más y vivía mejor. Fui muy feliz entonces, y sigo siendo feliz ahora.

José Pérez Batanero

Extraído de: “El libro de la Amistad” – Residencias ORPEA

www.orpea.es