Por: Lluc Pagès.-

La columna de este inicio de verano escrita desde Hombres Igualitarios no puede rehuir hablar del impacto del confinamiento a raíz de la pandemia de la covid-19. Una vez superada la etapa más critica, y pudiendo reencontrarnos todos y todas, es un buen momento para compartir la experiencia vivida y dar un sentido personal y colectivo.

Desde Hombres Igualitarios os queremos hacer una propuesta para la reflexión personal y como tema de conversación para este verano. La idea es darnos cuenta de cómo a los hombres nos ha afectado perder el espacio público durante este estado de alarma.

En nuestras ciudades todavía predomina el modelo de reparto de trabajos por sexos. El hogar continúa siendo un espacio mayoritariamente femenino (bien se trate de mujeres de la familia o de mujeres contratadas) y la calle, el despacho o la fábrica continúa siendo un espacio mayoritariamente masculino. ¿Qué ha supuesto, pues, el periodo de confinamiento? Que los hombres hemos tenido que estar mucho más presentes en un entorno al que la cultura nos excluye, el espacio doméstico.

En cuanto a los aspectos logísticos nos podemos preguntar: ¿Cómo nos lo hemos hecho para mantener una alimentación sana? ¿Cómo hemos afrontado aquella tarea del hogar que nos es tan pesada? ¿Qué retos nos hemos encontrado a la hora de ir a comprar? ¿Cómo hemos manejado el tema económico?

Y en cuanto a los más humanos: ¿Cómo hemos vivido la convivencia con nuestros propios estados de ánimo y nuestras emociones? ¿Hacia donde ha evolucionado la relación con nuestras familias y como hemos mantenido las relaciones sociales? ¿Cómo hemos gestionado la incertidumbre durante ‘las fases’? ¿Qué cosas bonitas hemos descubierto de nosotros mismos y de nuestros seres queridos?

Es bueno que no dejemos pasar la oportunidad de normalizar esta habituación masculina en el ámbito doméstico. Cien días, aunque se nos han podido hacer muy largos, es un tiempo breve para poder descubrir todas las cosas que pasan en el hogar. En lo doméstico es donde transformamos los alimentos en comida, donde nos protegemos de la intemperie, donde nuestros cuerpos se recuperan del desgaste diario y tenemos cuidado de nuestra salud, donde los niños crecen y se hacen personas, donde los individuos nos volvemos familia y comunidad… ¿No hemos aprendido, quizás, que nuestra cultura valora poco todo aquello que nos permite día a día salir a la calle con energía y buena salud?

Lluc Pagès
Hombres Igualitarios (AHIGE Cataluña)

www.homesigualitaris.cat