Por: Lluís Avellaneda.-

Sara tiene cuarenta y tantos años. Se levanta de lunes a sábado a las cuatro y media de la mañana para ir al primero de sus muchos trabajos: limpiar las escaleras de varios edificios en el centro de la ciudad donde vive. Llega a su casa alrededor de las ocho de la mañana y prepara el almuerzo para sus hijas, de las que dice que son su vida. Lleva a la pequeña a la escuela, las otras ya van solas. Vuelve de nuevo a casa y pone en marcha el ordenador para empezar su segundo trabajo: venta de cosméticos en línea. Cuando acaba, prepara la comida para las cuatro, la deja hecha y se va a buscar a la pequeña a la escuela. Comen todas juntas y ella marcha deprisa al tercer trabajo: un supermercado donde hace un poco de todo. Sara lo da todo por sus hijas. Son su razón de vivir. A ella no le gusta que se sepa, pero entre las muchas trabas que ha ido superando, durante años sufrió violencia machista y amenazas de muerte por parte de su ex-marido, el padre de las niñas, que se ha desentendido completamente.

Como Sara, desgraciadamente, hay miles de mujeres en este país, equilibristas de finales de mes, obligadas a ser pluri-empleadas para sacar adelante a su familia, haciendo muchísimos sacrificios. En muchos casos, y el de Sara es así, no reciben ninguna ayuda económica del padre de las niñas, el que les da una preocupación extra. Y su caso es uno entre muchos. Seguro que conoces a alguna.

Creo que como hombres igualitarios que pretendemos ser, tenemos que tomar partido claramente contra situaciones como la de Sara, no solo como mujer maltratada, sino como mujer sola sin ningún tipo de ayuda, ni económica ni social. No se vale desentenderse de los hijos con la excusa de un divorcio. No aceptamos los maridos que no comparten las tareas diarias – dejamos de decir que “ayudamos”, es nuestra responsabilidad también. Tenemos que ser responsables y hacernos cargo a partes iguales. La igualdad es el camino.

Lluís Avellaneda

Hombres igualitarios (*AHIGE Cataluña)