Por: Josep Maria Lozano

En nuestros días resulta evidente que los hombres – al menos algunos hombres- deseamos asumir la paternidad con una mayor implicación en la crianza, con una mayor dedicación y responsabilidad de forma conjunta con nuestras parejas. En la misma medida que asumimos este papel somos conscientes de las dificultades a la hora de hacer compatibles trabajo y crianza y esto nos hace conectar con el concepto de la doble carga que desde siempre han tenido las mujeres que trabajan tanto en el espacio público (trabajo remunerado) como en el privado (trabajo no remunerado). En la medida que nos corresponsabilizamos, somos también más conscientes de la desigualdad y la injusticia de esta doble carga.

La paternidad corresponsable nos tendría que permitir descubrir los cuidados, los afectos y la empatía en toda su magnitud. Pero, ¿es esto todo lo que haremos? Nos conformaremos con lograr la doble carga y al hacerlo haremos de nuestra masculinidad una reforma, una heroicidad que, por otro lado, puede alimentar todavía más nuestro ego? Esta actitud es algo muy arraigado en nuestra masculinidad.

«La paternidad corresponsable es una forma de erradicar el germen de la violencia tan intrínseco en la orden patriarcal»

La paternidad corresponsable tiene que hacer posible el hecho de ir más allá de esta crianza. Tiene que añadir a un nivel personal los valores inherentes con ella, con la crianza. Hablamos de incorporar la empatía, los afectos y los cuidados (vectores los tres del amor) que hay que extender al hogar, a los otros, a la sensibilidad, a la naturaleza, a la sexualidad y, en definitiva, a todo lo que nos vincula con la vida misma. La paternidad corresponsable tiene que hacer posible que abramos la mirada en este espacio privado/doméstico donde quedaron sumergidos estos valores, al mismo tiempo secuestrados, de nuestra estructura personal como hombres. Tendríamos que hacer una reivindicación de estos valores para todo lo referido al espacio productivo/público.

La paternidad corresponsable lograda en su totalidad, también nos conecta con el sentimiento de pérdida. Resulta muy penetrante, por ejemplo, que cuando finaliza el permiso por paternidad (sea cual sea su duración), nos damos cuenta del dolor que nos produce la separación, del dolor que nos produce la pérdida de un tiempo para compartir, del dolor que nos produce el hecho de no poder compaginar nuestro trabajo fuera de casa con el trabajo de la crianza. Porque no tenemos que olvidar que la crianza no dura cuatro meses (el tiempo de los permisos retribuidos). La crianza es una auténtica construcción humana que necesitará más años de acompañamiento, hasta que nuestro hijo o hija estén preparados para volar fuera del nido.

Si somos conscientes que la paternidad corresponsable nos lleva a un cambio en las concepciones de trabajo, cultura, economía y política, si somos conscientes de estos cambios, la paternidad corresponsable es revolucionaria. Es una forma de erradicar el germen de la violencia tan intrínseco en la orden patriarcal.

Josep Maria Lozano

Homes Igualitarios (AHIGE Cataluña)

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