Por: Juanjo Compairé.-

Estos días los noticiarios estan llenos de los escándalos de acoso sexual y abuso de poder desvelados en el Instituto del Teatro. Es nuestro #Metoo, ahora ya no en Hollywood, sino aquí, en nuestra propia casa. Recordamos casos anteriores con Lluís Pascual al Teatre Lliure, el caso paradigmático de Plácido Domingo y tantos otros. No sería nada extraño que en los próximos días surgieran otros casos similares, porque una vez las víctimas van perdiendo el miedo, esto ya no hay quien lo pare. En los últimos tiempos hemos asistido a denuncias de abusos en la Universidad, en la Iglesia, en la escuela (recordemos, sin ir más lejos, el caso de los Maristas de Sants), en el deporte, en la empresa, en el mundo de la cultura y en el de la política (en este caso, incluso en formaciones de izquierdas y que se proclaman feministas).

¿Qué tienen de común todos estos casos? Pues que los protagonistas son hombres en situación de poder. Poder económico, cultural, mediático, político. Pueden ser grandes artistas, grandes creadores. Está claro, ¡recordemos como Picasso hizo sufrir a sus amantes! O como Einstein reconoció al final que el premio Nobel se lo tenían que haber dado a su mujer, pero él la ninguneó y nunca cuidó de sus hijos. La lista sería interminable. El caso es usar esta situación de poder para abusar, para abusar psicológicamente y/o sexualmente las mujeres (esposas, amantes, alumnas, hijas) de alrededor.

Las alumnas del Instituto del Teatro denuncian estos días que cuando protestaban que Joan Ollé tenía la mano demasiado larga, les respondían: “Ya sabéis cómo es Joan…”. Sí, ya sabemos cómo son muchos hombres poderosos. Por eso hay que romper el silencio, como ya está empezando a pasar. Porque si callamos, el silencio nos hace cómplices. ¡Basta con la tolerancia, basta con la banalización de las violencias! No vale usar el mantra del “consentimiento” cuando la situación de depredador y víctima no es igual. Evidentemente, está claro cuando la víctima es menor. Pero, en otros casos, ¿qué decir cuando una palabra de él puede abrirte una carrera profesional, artística o política o bien hundirte en la miseria?

Si queremos cambiar el mundo, si queremos cambiar las relaciones entre las personas, es hora de levantar la voz. Ya es hora que los Joans (como antes los Weinsteins de Hollywood) dejen de tener patente de corso. Se les acaba el tiempo. Dichosamente.

Juanjo Compairé

Hombres Igualitarios (AHIGE Cataluña)

www.homesigualitaris.cat

Revista Acelobert Barcelona

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