Por: Luís Avellaneda,-

Desde hace unos meses, me he dado cuenta de una cosa que no me gusta mucho, puede ser que parezca una tontería, pero a mí me ha costado darme cuenta.

Cada vez que salgo del Metro por la noche, cuando vuelvo a mi casa después del trabajo y hay una mujer (o una adolescente) que sale de la estación a la misma vez que yo; ella sale con un poco de miedo. Se nota por la manera de andar, como mira a su alrededor, acelerando el paso si nota que alguien la sigue y sobre todo, se pone las llaves entre los dedos, por si hay que defenderse de algún ataque.

Obviamente, todo esto es lo que no me gusta, no me gusta nada que yo, como hombre, pueda ir por la calle a cualquier hora del día o de la noche sin miedo y sin preocupaciones y que una mujer, tenga la edad que tenga, se vea obligada a ir, sobre todo por la noche, con cuidado por si sufre el ataque de cualquier indeseable.

Es un tema del cual se habla mucho; yo mismo, por ejemplo, recibo clases de defensa personal. Pero es diferente, porque yo no he ido a las clases para no tener miedo cuando voy por la calle. Aquí es cuando entra en juego la educación que se recibe en casa y en las escuelas. Creo seriamente que habría que inculcar a los chicos el tema del respeto, de no parar a una chica o mujer por la noche para asustarla, hacerla sentir incómoda, molesta o cualquier otro cosa. No hace falta que una mujer vaya a aprender defensa personal si no quiere. Hay que educar a los futuros hombres para respetarlas.

Luís Avellaneda

Homes Igualitaris (AHIGE Catalunya) https://www.homesigualitaris.cat/