Por: Ion Pagola.-

Estamos en días del orgullo LGTBIQ + (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales, Queer, etc.). Son días de reivindicación y visibilización de la diversidad que representan estas siglas ante la cisheteronormatividad que nos modula y en ciertas reglas de juego. Unas reglas que nos dicen como identificarnos, a quién y como desear, como concebir la familia, etc. Reglas que afectan a todas las personas, por mucho cishetero que sean. Cuando hablamos de «cis» nos referimos a las personas en que coincide el género asignado socialmente con los genitales (penes = hombre, vagina = mujer). Por “hetero” designamos las personas que tienen deseo sexual verso las personas del sexo contrario, atracción que es considerada de acuerdo con la norma social.

Estas siglas han estado y son sinónimo de marginación. Si somos optimistas, no obstante, quizás la situación no es tan mala. Dentro de esta diversidad hay identidades más marginadas que otras; está mejor, viste y más aceptado ser gay que ser una persona trans. Igualmente no es la misma violencia la que puede recibir una mujer lesbiana que un hombre gay (no olvidamos el feminismo). La visibilidad cambia: hoy en día, si vamos al acontecimiento oficial del orgullo a ciudades como Madrid o Barcelona observaremos una grandísima representación de hombres cis ocupando un gran espacio, y siendo muy visibles, en detrimento de otras siglas o identidades.

Todo esto me hace pensar que a pesar de que detrás de la G (ay); no olvidamos la B (isexualidad), hay masculinidades subalternas, no del todo aceptadas. Estas continúan la estela de una masculinidad típica, y a menudo olvidamos que el espacio no es solo para ellos y que nos toca en muchos momentos dar un paso atrás y dejar  que otras personas lo ocupen; en resumen, se reproducen estas violencias tan denunciadas en la masculinidad heterosexual, cuando los hombres tienden a ser los amos del espacio…

Por eso necesitamos cambiar todo este sistema, reflexionar sobre que queremos representar y reivindicar; si es nuestro propio ego o de verdad buscamos que todas las letras tengan la misma oportunidad de visibilidad que los hombres disfrutamos. No podemos dejar que el orgullo de todo el mundo represente principalmente una letra, ni a un género concreto, y menos cuando este género ya disfruta de privilegios per se.

Ion Pagola

Hombres Igualitarios (AHIGE Cataluña)