Màrius Serra, escritor, autor de las palabras cruzadas de La Vanguardia y linguista enigmático, nos recibe en su casa, en el Barrio de Horta, donde vive y trabaja. Nos abre la puerta con una sonrisa y, en sus pies, tiene unas pantuflas estampadas con la grilla de unas palabras cruzadas. Es que vive envuelto en letras y palabras, desde bien pequeño. En su escritorio, centenares de libros cubren hasta el último trozo de yeso de la pared. No trabajó nunca en una redacción pero sabe que le hubiese gustado, porque escribe muy a gusto en un bar, envuelto en el ruido del ambiente. No obstante, reconoce que trabajar en su casa es un lujo, sobretodo los dias de tormenta, cuando por la radio informan que los trenes no funcionan y el no tiene que ir a ningun lado. Viajar es uno de sus grandes placeres, siempre acompañado de su familia y de una libreta donde anotar las ideas. Recién a los 11 años supo, gracias a una bibliotecaria, que su nombre se escribia con tilde y que acaba en «ese». Desde entonces, va a luchar para que su nuevo y catalán «Màrius», soterre al «Mariu» de todos. A los 18 años, deja la musica para dedicarse de lleno a la escritura. No obstante, confiesa que pese a estar musicalmente oxidado, «si me dejan un piano todavia tengo la indecencia de tocar un blues». Siempre escribe con música de fondo, elegida a consciencia. Le gusta ir a dormir tarde. Dice que a la noche está mas activo pero a la mañana siguiente, porque reconoce que la vida cotideana funciona de dia. En septiembre, reestrena en el Teatro Almeria la obra «Qui ets», basada en la historia de su hijo, con parálisis cerebral.

En que momento te empiezan a apasionar las palabras?
No lo sabría decir. De muy pequeño ya recuerdo que jugaba con las palabras y con sus dobles sentidos. Esta pasión se formalizó mas tarde, en la escuela, cuando comencé a hacer redacciones. Supongo que no hay un momento concreto. Tengo desde siempre esta pasión.

Y desde siempre habías querido ser escritor?
No. Hubo una época en la que también me había agradado ser músico. De pequeño tocaba el piano, estudié cinco años de música clásica y a partir de los catorce años formé parte de tres grupos de rock.

Que hizo que elijas la escritura?
El mundo de la música era complicado. Con la banda tocábamos rock sinfónico, hacíamos música propia pero era muy difícil encontrar bolos. Paralelamente, escribía libros y había ganado algún premio literario. La vocación por la escritura venía de pequeño. Y a los 18 años, terminé escogiendo.

Ordenador o bolígrafo?
Durante el proceso literario, escribo a mano. Me da una sensación de provisionalidad, de que todo es posible. Trabajo con borradores, juego. Después el proceso se complica. Tomo un aire mas laboral. Hay que pasar el borrador en limpio, y eso lo hago en el ordenador.

Que es lo que siempre llevas contigo?
Una libreta. Llevarla me permite escribir en cualquier lugar y en cualquier momento: en un bar, en un tren… Hace veinte años escribía todo en el ordenador, pero me di cuenta que estaba perdiendo la escritura a mano, hasta el punto de que cuando tenía que escribir manualmente, lo hacia en mayúsculas para que se entendiese bien. Volver al bloc fue una salvación y ahora estoy obsesionado con las libretas. Tengo centenares y cuando encuentro un modelo que me gusta, me compro veinte iguales.

Te consideras obsesivo?
Mucho. Mi gran obsesión es que las obsesiones no me coman. Pero podría ser que mas que obsesivo, diría que soy apasionado. Y aunque me centre mucho en un tema, me gusta tener otros frentes abiertos. Ahora, cuando se me fija una cosa entre ceja y ceja, ahí voy yo.

Podrías cuantificar los libros que has leído?
No. En casa tengo registrados unos 7000, pero no llevo la cuenta. Leer es un hábito muy difícil de cuantificar. Es como preguntarte cuantos arroces has comido. Cada semana leo un par o tres libros, aunque hay lecturas que están motivadas por el trabajo, para poder hablar de un libro en la radio o para documentarme antes de escribir un artículo.

Si se trata de ocio, que lectura eliges?
Soy fundamentalmente un lector de novela. La narrativa breve también me gusta mucho. Y con el ensayo he tenido épocas. He leído muchos ensayos lingüísticos y de juego verbal.

Trabajas desde casa. Es fácil poder desconectarse del trabajo cuando tu despacho está al lado del comedor familiar?
Es un aprendizaje. Trabajar desde casa es un lujo pero también tiene sus peligros. Tienes que aprender a gestionar el tiempo, marcarte unos horarios. No dependes de nadie y el debate es siempre contigo mismo. Yo siempre desayuno fuera de casa. Lo encuentro necesario para comenzar la jornada, porque si no, podría estar todo el día con el pijama puesto. Tampoco tengo la noción de llevarme trabajo a casa, porque cuando estas en un proceso creativo, siempre lo llevas contigo.

Dejas alguna señal en la puerta cuando no quieres que ninguno te distraiga?
No. Me gusta vivir envuelto en el ruido. No mitifico el silencio. Nunca alquilaría un piso en un lugar solitario para acabar una novela. Si lo hiciera, acabaría emborrachándome por desesperación. Intento integrar al trabajo con la vida cotidiana. No me gusta tener la puerta cerrada cuando trabajo, no hacer santuarios de mi despacho. La escritura es un trabajo físico de colocar una palabra delante de otra. Aunque queramos darle un valor, que obviamente tiene su valor artístico, muchas veces aislarse es solo una coraza de protección del creador, o un pedestal, y eso me pone de los nervios. Me gusta el creador que está en medio de la calle con la oreja parada.
Si un día te pierdes, donde podríamos encontrarte?
En Hawaii, en el valle de Waipi’o. En casa, ya lo saben, que si muero en una forma repentina, tienen que llevar allí mis cenizas. Es un lugar especial, por los recuerdos que tengo de mis dos viajes a la isla. El primera con Llullu. En el segundo ya no estaba. También, tuve allí un accidente de coche bastante intenso. Es un lugar mítico. A parte, Hawaii es el paraíso. Magnum tenía razón!

Tu juego preferido?
Supongo que el Scrabble, por su componente lingüístico y porque he jugado mucho. Todos los que hacemos palabras cruzadas para los diarios de la ciudad, nos encontramos semanalmente para jugar al Scrabble. Forma parte del oficio. Pero hay grandes juegos y debo reivindicar su papel cultural. En Francia y en Alemania, los autores de lo juegos son colectivos creativos pueden ser los de autores de comics. Aquí, la gente juega al Monopoli y no sabe que detrás hay un autor.

Que te crispa mas? Que te hagan trampa al Scrabble, o mantener una conversación plena de barbarismos?
Que me hagan trampa! Los barbarismos me encantan. Creo en la riqueza de las lenguas. Están plenas de registros. Es tan analfabeto aquel que habla cargado de incorrecciones, como aquel que no conoce el lenguaje coloquial y que para pedir un carajillo en el bar, habla como si estuviese dando una clase universitaria. La lengua nunca puede ser una prisión. Es una riqueza y un placer. Me divierten los barbarismos, sobre todo, cuando son conscientes.

Y cuando no lo son?
La poca importancia que el mundo contemporáneo le da a las lenguas, hace que muchos de estos errores vengan dados por ignorancia y este empobrecimiento si que me entristece. Escuchar a las personas, jóvenes o mayores, con un vocabulario limitado, me los está presentando como personas con una mente con los condimentos ideales para transformarlos en fanáticos de alguna cosa que acabará siendo socialmente problemática. Me entristece porque ves que de ese mundo no saldrán.

La historia que todavía no has escrito?
Muchas, pero hay una que seguramente será la siguiente. Sobre Maties Palau i Ferré, un pintor catalán que quemaba todo lo que pintaba. Fue un acto de auto-punición contra el engaño de un mercader de arte. Creo que la acabaré por escribir.

Tu hijo Lullu, con parálisis cerebral, murió hace diez años, cuando tenía ocho. Por qué decidiste escribir un libro sobre el?
No lo decidí. Era bastante inevitable no hacerlo. Escribía y escribo, no solamente novelas, sino tres artículos semanales para La Vanguardia, donde hablo de todo, de cosas que me interesan mucho y de otras que no tanto. Como no iba a escribir sobre una cosa que me afectaba tanto y tan directamente? Llullu acabaría saliendo tarde o temprano. Me costó mucho encontrar la manera de hacerlo, el estilo, el tono… Tardé siete años en escribir la primera linea.

Con la adaptación del libro al teatro, te has entrenado como dramaturgo. Un hecho puntual o un área para explotar?
Me gusta mucho el teatro y no descarto repetir la experiencia, pero también veo sus dificultades. No se si estrenaré mas, pero el gusanillo ha quedado.
Mientras tanto, la obra «Qui ets?», se podrá ver en el Teatro Lamería desde el 25 de Septiembre hasta el 13 de Octubre.

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