Por: Leonor Fernández

«Confiad en los sueños porque en ellos se esconde la puerta de la eternidad». Khalil Gibran (El Profeta).

 ¿A dónde vamos cuando dormimos?  Me gusta pensar que es un viaje a nuestra parte mas profunda, desconocida y sabia de nosotros mismos.

No siempre recordamos los sueños, pero todos soñamos cada noche. Se desconocen todas la funciones del soñar, pero como dice la neurocientífica, Dra. Rosa Casafont, dormir es una gran inversión.

En las culturas más antiguas, hay testimonios de cómo la gente acudía a dormir a los templos para sanar a través de sus viajes oníricos.

Sigmund Freud en su famosa publicación “La interpretación de los sueños” divulgó la importancia que estos tenían para el proceso en psicoterapia. Asimismo, Carl Gustav Jung indagó en sus propios sueños y en los de sus numerosos pacientes declarando que una de las funciones del sueño es la compensatoria, restableciendo así el equilibrio psicológico.

En Psicoterapia los sueños se convierten en un gran aliado, incluso más allá de su interpretación. A cada paciente que inicia un proceso terapéutico, recomiendo que escriba en un cuaderno sus sueños, junto a sus emociones y sentimientos del día.  Esta actividad se convierte en una continuidad del proceso terapéutico.

El lenguaje del sueño es analógico, asociativo, simbólico, es el lenguaje de la “psique” palabra que viene del griego, ψυχή, que significa alma.   Es una excelente forma de acceder a nuestro interior y abrirse a nuevas formas de conocer.  «En el sueño se revela el problema vital de un individuo en forma simbólica.» Adler

Los sueños leídos en la sesión terapéutica se trabajan desde diferentes perspectivas, siendo en muchos casos pretexto, texto y contexto del mismo proceso.

Apuntar, leer, releer, indagar, completar, asociar, revivir, y reconstruir son algunas de las formas en las que un sueño puede ser de utilidad en un proceso de comprensión psicológica.

Hemos de tener en cuenta que los sueños son una continuidad del estado de vigilia, en ellos resolvemos problemas, sentimos emociones, creamos mundos, y recordamos lo esencial, en todos los sentidos de la palabra.

En mi experiencia como psicoterapeuta he visto que las emociones sentidas en los sueños, muchas veces desconectadas de la narrativa del sueño, se convierten en proceso liberador.  Recuerdo una paciente, ingeniera de profesión, cuya estructura racional era muy rígida y la tristeza había sido evitada en su familia; al morir su padre no podía llorar, sin embargo en los sueños las lágrimas brotaban en abundancia, al principio por hechos aparentemente no tristes. Prácticamente hizo todo su duelo en su vida onírica, sus sueños eran  muy vívidos y creativos y muchas veces lúcidos. Poco a poco la tristeza fue traspasando a su estado consciente y la obsesión que le había acompañado varios años en su vida desapareció.

La filósofa María Zambrano pone de manifiesto que lo más importante del sueño no es su significación, sino la forma en que se da y el cambio de percepción cuando lo tenemos. En sus propias palabras:

“Si la vigilia nos permite percibir la realidad fenoménica del “mundo”, el sueño nos permite percibir la realidad fenoménica de “nosotros mismos”.

Los significados del sueño los considero de mucha utilidad, hay muchos significados tanto personales como universales, pero al igual que Zambrano, creo fundamental ese cambio de percepción que se da en el sueño, esos cambios de nivel de conciencia desde  el sueño inicial a los niveles más profundos de vibración.

Recuperando lo que hemos dicho antes, el lenguaje del sueño es simbólico y por lo tanto polisémico, tiene diferentes significados. Si en su interpretación lo conceptuamos, vamos a cerrar esa fuente de significación  que cada sueño tiene. Es por esa razón que, el sentir en el sueño, la percepción alterada, las asociaciones aparentemente incoherentes, es lo que considero más importante para disfrutar de un sueño.

No hay que olvidar que el sueño es un mensaje velado al soñador, y que este se convierte en el único que puede tener una comprensión profunda del mismo.

¿Y si no recordamos los sueños?

Aunque el proceso psicoterapéutico muchas veces activa el recuerdo de los sueños, el soñar despiertos o las visualizaciones inducidas también pueden ser muy interesantes.

Las imágenes evocadas en estado hipnótico suelen ayudar de forma similar que la vivencia del sueño. Recordemos que Hipnos, era el dios del sueño hijo de Nix, la noche.

Para terminar, recordaros que el soñar es parte fundamental del vivir.

Leonor Fernández

Psicóloga colegiada n 7865

Psicoterapeuta

leonor.psique@gmail.com

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