“Quan tens un col·lega talentós al costat, tens alguna cosa més que un company”

Marc Rodríguez (Barcelona, 1975) es actor. Aunque aparece en televisión, ahora en Polònia y en Crackòvia, y también ha hecho pequeños papeles en cine, su oficio está en el teatro donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Es sobre el escenario donde se siente más cómodo y si puede ser con un amigo, porque de este mundo tiene muchos, mejor; le hacen sentir más seguro. Con una larga trayectoria, a Marc Rodríguez ahora le surgen las inseguridades aunque su trabajo le ‘flipa’ y la disfruta al cien por cien.

Sandra Pulido
Juliol’16

Antes de dedicarte al teatro empezaste a estudiar física. ¿Por qué decidiste dejarlo y hacer un cambio tan radical?
Yo estaba haciendo COU y me gustaba la física porque además tenía un profesor muy bueno y empecé esta carrera, aunque cuando tienes 17 años no sabes muy bien qué quieres hacer. Paralelamente, comenzaba a ir de espectador al teatro y me gustaba mucho. En física no aprobé todo lo que se debía aprobar y no me pude quedar en la universidad, entonces estuve un año sin estudiar, algo que no había hecho nunca antes. En este tiempo hice algún cursillo de teatro, que me gustaba mucho, y además era la época de Time and the Conway, de Mario Gas, y recuerdo que aquella obra me flipó mucho. Más tarde, en 1996, entré en el Instituto del Teatro.

Y decidiste dedicarte profesionalmente.
Cuando me echaron de física me planteé qué quería hacer y el teatro me gustaba mucho, pero yo no había hecho nada, ni de aficionado. De hecho, mi primera obra ya fue profesional. Fue cuestión de ir probando cursillos para ver si me gustaba. Además, le tenía mucho respeto y me lo tomaba muy en serio. En 1997 ya trabajé con Rafel Duran en el Grec y hasta hoy.

Después de aquel primer contacto volviste a coincidir con Rafael Duran.
Sí. La primera vez yo tenía 21 años e hice una prueba para el espectáculo del Grec de ese año. Supongo que ser joven me ayudó. Ahora hay gente muy joven, de 15 ó 17 años que es muy talentosa, pero en ese momento no había tanta y, además, por el hecho de ir en el Instituto del Teatro de cara a entendernos, tal vez él creía que tendríamos un lenguaje común y que podríamos entendernos mejor. Después vino una obra de Mamet, Una vida al teatre, uno de los montajes de los que tengo mejor recuerdo. También hicimos La dama enamorada, en el TNC, donde coincidimos tres actores jóvenes.

El teatro se convirtió en tu mundo.
Sí. Con Àlex [Rigola] hicimos Titus Andrònic, en 1999, y allí conocí a muchos de mis amigos. Estaba Joan Carreras, que es mi mejor amigo, Julio [Manrique], Xavi Ripoll, Jacob Torres,
Xavi Ricard… Con Julio coincidimos después en la tele, también en el año 99 en la Saga l’herència, y nos hicimos amigos. Con Carmen Portaceli también coincidí cuando ella ya llevaba algún montaje y me llamó para hacer una obra de Koltès, Sallinger, y más tarde hicimos El retorn al desert. Bueno, vas colaborando y vas repitiendo si están contentos…

¿Cuál de los directores con los que has trabajado te marcado más?
Julio [Manrique]. Es con el que he trabajado más a gusto, sin duda. Con él es algo aparte. De Rafel [Duran] también tengo muy buen recuerdo de las primeras obras. En aquel momento era más inconsciente, pero con el tiempo he visto que he aprendido muchas cosas de él. Con Rafel hice Valencia, de Paco Zarzoso, y sólo por ser la primera obra ya era una flipada. Después hicimos una obra de Mamet y una de Puig y Ferrater y también fue muy chulo. Mamet por ejemplo, como autor, me ha marcado mucho, porque me ha hecho disfrutar de mi trabajo y al mismo tiempo trabajar.

¿Has pensado en ponerte en el otro lado y hacer de director de teatro?
No lo he hecho nunca, pero me gustaría. Espero probarlo y ser director algún día y que no tarde mucho. Pero tienes que encontrar una obra con la que te sientas cómodo, que la entiendas muy bien y saber cómo ponerla en escena y sobre todo que te motive.

A parte de Titus Andrònic, has hecho otras obras de Shakespeare como Julio César, Romeo y Julieta o Hamlet. ¿Eres lector de este autor?
No mucho. Quiero decir, me flipa, pero lo encuentro muy difícil. Es de los textos que me supone más esfuerzo: las obras de Shakespeare y la que estamos haciendo ahora. Requieren más esfuerzo y dedico más horas. Hay que machacar mucho el texto para poder llegar a sacarlo limpio y con cierta intención.

Ahora estás en el teatro con la obra Caïm i Abel. El título nos evoca a la historia bíblica, pero en este caso los protagonistas no son hermanos.
Sí hay referencias a la Biblia en algunas frases, pero no es lo mismo. Son dos historias de dos familias: la de Caín, que es el que interpreto yo, es una familia catalana de una población más bien pequeña, inspirada en Arbeca -el pueblo del Marc Artigau-; y paralelamente hay otra historia que comienza en un país donde mucha gente emigra por necesidades básicas. El viaje del inmigrante y el de Caín se encuentran.

La obra hace referencia a las fronteras.
Esto fue el punto de partida que Marc [Artigau] utiliza para escribirla. Hay unas fotografías de un inmigrante en lo alto de una reja y abajo hay un policía esperándolo y él [el autor] imaginó una posible conversación. Quería saber qué pasaría si se detuvieran y charlaran. Este es el punto de encuentro de Caín y Abel.

Comentabas que te ha costado el texto. ¿Por qué?
Más que nada porque me toca contar la historia al público. A mí me gusta sentirme ocupado en escena para que la cosa vaya saliendo, pero aquí el estar ocupado viene con el público, lo miras e intentas que los estímulos vengan de allí sin que ello detenga la narración. Con los compañeros de escena hay unos pactos, en cambio con el público no.

Ahora compartes escenario con Lluís Villanueva.
Lluís es un súper actor. Yo nunca había trabajado con él y tenía muchas ganas de hacerlo. Le tengo mucha admiración desde siempre y está yendo súper bien. Pasamos mucho tiempo juntos en escena y es fantástico cuando tienes alguien al lado que tiene mucho talento.

¿Se trabaja diferente?
Cuando tienes a un colega con talento al lado, tienes algo más que un compañero. Con la edad cada vez te vienen más inseguridades, al menos a mí me pasa, pero de esta manera te sientes como más protegido. Te sientes cuidado en escena.

¿Por qué te vienen ahora las inseguridades?
Tienes más herramientas para resolver los problemas que salgan sobre la marcha, pero con 22 ó 23 años salías allí… Yo creo que el gran enemigo es el coco y no debes salir a escena a pensar, sino a hacer. Sí, me pongo más nervioso ahora que antes.

¿Cómo fue el paso del teatro a la pequeña pantalla?
La televisión es muy guay, sobre todo cuando empiezas, pero luego lo que te gusta es tener algo bueno entre manos. En general me gusta más el teatro, es mi oficio y donde tengo las mejores historias y los mejores textos para trabajar. Me va mejor tener dos meses para ir trabajando, como en el teatro, que dar un resultado inmediato. Yo nunca he pillado una serie chula donde haya un recorrido de un personaje y que los guiones y la realización sean buenos, entonces prefiero el teatro.

¿Sería un objetivo?
Hombre y tanto que me gustaría que me cayera una serie chula, pero también estoy muy contento con lo que tengo. Ahora llevo tres años que trabajo en Polònia y el Crackòvia donde me lo paso muy bien, me da cierta gimnasia y también puedo hacer teatro por la tarde.

En Polònia ahora estás en la piel de Pablo Iglesias.
Sí, en eso yo confío mucho en la caracterización. Te buscan ciertos rasgos, como la chulería, y como tenemos el mismo tipo… pero con la voz no le sé imitar. Me gusta más hacer los personajes anónimos, los que charlan pero no son nadie. Me lo paso muy bien.

¿Qué proyectos tienes en mente actualmente?
En noviembre vamos a Madrid al teatro de La Abadía, con la obra Premios y castigos. Y quizás hacia mayo hacemos algo en el teatro Maldà, donde no he trabajado nunca. Me gustaría hacer una obra con gente concreta, un tipo de teatro concreto. O, si no, una serie buena me encantaría.

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