Esther Marín, propietaria de la Óptica Code, explica que su establecimiento es un negocio familiar que abrió hace 25 años. Procediendo la Óptica Gómez, ha querido seguir con su tradición y continuar haciendo distribuciones a otros ópticos. Además, aparte del ámbito ocular, la óptica también trabaja la audiología.

Así, Marín apunta a que se trata de un servicio muy importante en el barrio, ya que en él hay mucha gente mayor. Por tanto, “es muy importante que haya un lugar cercano donde poder dirigirse” para que todo el que lo necesite tenga un seguimiento y pueda retocarse el aparato según sus necesidades y condiciones.

En este sentido, hay que diferenciar una gafa de un audífono. Si bien la gafa da resultados a la primera, el audífono se debe ir programando: se empieza con unos parámetros bajos para que la oreja se vaya acostumbrando a escuchar de otra manera y, a partir de ahí, se van aumentando. Por tanto, tal y como explica Marín es un trabajo de “tú a tú”, que “requiere muchas visitas” por parte de los usuarios. Concretamente, lo que ella recomienda es hacer un mantenimiento cada tres meses.

En cuanto a las gafas, la Óptica Code se ha adaptado a los nuevos hábitos de trabajo. Si bien antes las personas o miraban de cerca o lo hacían de lejos, hoy en día hay muchas más distancias: uno puede mirar muy de cerca; a una distancia media, como por ejemplo en el ordenador; o de más lejos. Así, las gafas de corta distancia están en fase de extinción y cada vez más gente utiliza gafas que permitan ver desde cualquier lugar.

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