A priori parece una bodega de toda la vida, antigua. Ahora bien, una vez dentro y como bien dice su propietario, Rafael Jordana, se pueden encontrar unos azulejos muy bonitos, con la historia del Quijote». Frecuentada por toda clase de público, es una muy buena opción para hacer una parada y degustar la gran variedad de platos y tapas que ofrece.

A diferencia de otros establecimientos mas modernos, la Bodega d’en Rafel tiene unos horarios muy extensos. Jordana, de hecho, lo califica como «un servicio a la ciudadanía». Se trata no tanto de aprovechar «el momento de máximo volumen de venta, sino de ofrecer un abanico de posibilidades durante todo el día».

Concretamente, la bodega abre seis días a la semana. En lo que tiene que ver con los horarios, éstos han cambiando a lo largo de los años. Si bien antes se abría a las seis de la mañana y se cerraba a las nueve e la noche cuando el barrio queda en soledad, actualmente, como consecuencia del incremento del turismo y de la juventud que estudia en las universidades, se comienza mas tarde y también se cierra mas tarde, alrededor de las doce de la noche.

 Estas largas jornadas de trabajo se reparten entre todo el personal. Un total de seis personas que van rotando, siempre que Jordana comenta que «eso no quiere decir que algún día acaben haciendo 17 horas de trabajo».

Cabe destacar que actualmente muchas pequeñas empresas y comercios han tenido que cerrar, y la Bodega d’en Rafel se ha mantenido a lo largo de los años. El buen producto y el trato amable y amistoso con la gente son dos de los secretos de este establecimiento, que ya es historia viva del barrio de Sant Antoni. Asimismo, las organizaciones dinamizadoras del barrio han ayudado a mantener los modelos de comercio de la zona, según explica Jordana.

En lo que respecta al público, éste es diverso : está compuesto por personas de edad muy joven, gente mas grande, del barrio o turistas, que vienen expresamente a echar un vistazo a la bodega, aconsejados por amigos o familiares, y que quedan boquiabiertos con los fantásticos azulejos del lugar, que ilustran la historia del Quijote.

Para los interesados, La Bodega d’en Rafel se encuentra en el carrer Manso 52, entre Viladomat y Borrell.

Redacción: Acelobert

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