“Si queremos un país libre es porque queremos un país justo, si no es justo a mí no me interesa”

Montserrat Carulla llega a la cita a la hora exacta. Con una sonrisa anda por el pasillo central y saluda a todo el mundo que está al teatro Borràs, a todos los que hemos venido por primera vez a casa de la iaia. Se quita el abrigo y pide ayuda para subir las escaleras que llevan al escenario donde se mueve como pez en el agua. Dispuesta a todo, se hace las fotos que le pedimos. No obstante, antes de empezar la entrevista quiere saber qué le preguntaremos, pide el guion y lo coge. Quién le puede decir que no? No duda en hacer las indicaciones que considera. Ya tiene claro qué queremos saber y la entrevista puede empezar.

Sandra Pulido
Marzo’16

 

¿Cómo empezó la Montserrat Carulla actriz?
La Montserrat creo que nació actriz, porque siempre digo que se nace con una determinada facultad. Yo debía de nacer con la facultad de ser cómica, porque me gustaba imitar a la gente, inventar historias… Me orienté hacia el teatro primero haciendo de amateur y como consecuencia un director que me vio me llevó al teatro profesional.

¿Y cómo fue ese cambio?
Lo recibí con mucha ilusión, porque a mí lo que me gustaba era hacer teatro. Entonces, cuando me hablaron de una obra que haría en el Teatro Romea –Soparem a casa de Josep Maria de Segarra- me hizo mucha ilusión. Imagínate con aquella edad, que tienes ganas de hacerlo todo, que quieres llegar a todas partes y que la ilusión te empuja adelante. Me interesó mucho y me lo tomé muy seriamente, que eso también es importante.

¿No se imagina la vida haciendo otra cosa?
Yo no me lo imagino. Pero podía haber cogido otro camino. Tal vez hubiera podido ser una buena maestra o una buena cirujana, no lo sé. Los pasos de la vida me llevaron hacia ser actriz, supongo porque es lo que me gusta y lo que siento.

Su primer libro es ‘El record és un pont al passat. Memòries de l’actriu, la dona i la nena’. ¿Qué queda todavía hoy de aquella niña?
De aquella niña queda mucho. Aquella niña está constantemente dentro de mí, es la que me aconseja todavía hoy en día. A menudo, cuando a veces tengo una duda pienso: “qué hubieras hecho cuando tenías diez años?”. La personalidad se forma en ese momento de la vida, a una edad en la cual uno es valiente, tiene curiosidad e ilusión. Creo que eso no se tiene que perder a través de los años.

Y sus hijos vivieron aquella edad con usted en el teatro.
Mis hijos siempre estaban aquí, junto al escenario, mirándome y de alguna manera todos están vinculados al teatro. La grande es una buena actriz, una de ellas ha trabajado en TVE, la otra ha sido guionista y el chico es un buen autor y director.

¿Se imaginaba que usted sería el inicio de una familia de actores?
No, no me lo imaginaba. Hice teatro porque me salió la oportunidad y siempre iba con los niños arriba y abajo. Por la tarde estaban en el teatro, después los llevaba en casa para cenar, los ponía en la cama y volvía al teatro, porque hacíamos tarde y noche. Ellos vieron el teatro, aprendieron y les gustó. Ahora ninguno de ellos me hace subir los colores a la cara, porque cada uno en su ámbito cumple bien.

¿La ‘iaia’ es su último personaje, qué comparte con ella?
Con Montserrat Carulla comparte pocas cosas. De hecho, comparte mucho con mi madre, porque la obra, según me explicó mi hijo -autor de la obra-, está inspirada en ella, Xesca. Yo recuerdo muchas cosas de mi madre en acciones que tengo en la obra.

¿Cómo fue la relación con su madre?
Nos quiso, nos ayudó, trabajó mucho para que estudiasemos y se sacrificó por todos nosotros. Siempre digo que si hubiera tenido estudios habría sido un genio, porque era una mujer que tenía mucha capacidad de entender las cosas y de explicarlas y también de afrontar el presente. Ella salió de un hogar de trabajadores, pero tenía una gran capacidad.

Volviendo al presente, ¿considera que ahora están respetados los actores?
Justamente porque hace muchos años que hago teatro, creo que los actores hoy están respetados y considerados. Cuando empecé tenía un carné del sindicato vertical, que todavía guardo, que decía: carné de actores, toreros y gente de mal vivir [rie]. Las actrices éramos un poco como putillas y la burguesía de aquella época nos miraba con desprecio.

Pero eso ha cambiado.
Ha cambiado muchísimo. Es que la democracia arregla muchas cosas.

Ahora es más habitual que uno decida ser actor.
Sí, es lo que me dijo mi hija Vicky. Ella era enfermera y trabajaba en el Clínico y un día me dijo: madre, quiero ser actriz. Yo le dije: actriz no se quiere ser, se es o no se es; haz algo de amateur y si realmente sirves dedícate. La vi en un par de cosas y yo no acababa de estar convencida, hasta que la vi en una representación y le dije: sí, dedícate a esta profesión, porque tú saldrás adelante.

¿Con los nietos ha vivido también ese proceso?
Los nietos…son más modernos. Ya no necesitan que nadie los apoye. Supongo que si hubiera visto que eran una desgracia les hubiera dicho que se dedicaran a otra cosa. Pero tanto Aleix, como Miranda, como Orestes sirven cada uno en su mundo.

¿En cuanto a la política, cómo ha vivido los últimos meses?
Yo siempre me presento diciendo: soy Montserrat Carulla, actriz, catalana e independentista. Y lo hacía ya en un momento en qué decirlo era casi un peligro. En Arenys de Munt en una reunión de gente del país, cuando todavía no se hablaba de independencia, yo hice un discurso diciendo que queríamos ser libres y que queríamos la independencia y estuve amenazada por muchos de estos ultras tremendos. Siempre he creído que nosotros somos una nación y que tenemos derecho a tener un estado.

¿En este proceso qué papel tiene la cultura catalana?
Pienso que es lo más importante, que tenemos que defender nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra historia; y defender también nuestra economía. Lo único que quiero es que nuestros bienes sirvan para que la gente del país viva mejor.

Acabar con la desigualdad. 
Creo que la gente con dinero de este país también tiene que colaborar más. Si elegimos unos gobernantes que no garantizan que las personas tengan cubiertas sus necesidades no nos sirven y los echaremos. Si queremos un país libre es porque queremos un país justo, si no es justo a mí no me interesa.

Usted compartía lista con Muriel Casals a la candidatura de Juntos por el Sí. ¿Cómo fue su relación?
Tuvimos una relación entrañable de buenas amigas y de personas que defendían los mismos ideales. Yo la quería mucho y creo que ella a mí también. Nos respetábamos muchísimo. Fue un golpe muy fuerte cuando lo supe. Pienso que todavía no he reaccionado del todo. No puedo creer que aquella mirada, aquella sonrisa, aquella beatitud, aquel arreglar las cosas sin hacer ruido…aquella manera de ser de Muriel, ya se nos haya escapado de las manos. No me resigno a creerlo.

¿Qué proyectos de futuro tiene en mente?
Siempre digo que tengo mucho camino detrás y poco delante, pero nunca miro atrás. Lo que me interesa es el camino que me queda y es lo que miro. Y me queda seguir amando a la gente que me rodea, amando a mi país y haciendo lo que pueda por este país y la justicia social.

¿Y en los escenarios?
No, de los escenarios cuando acabe la ‘iaia’ me quiero retirar, eso lo tengo clarísimo. Me quiero retirar teniendo las facultades mentales y físicas todavía en buen estado. Me quiero ir teniendo todavía toda la capacidad intelectual que se necesita para subir a un escenario.

¿Por lo tanto, la puerta queda abierta para trabajar en televisión o cine?
Sí, porque ahí hay una palabra mágica que es ‘paren’ y si te equivocas pueden parar. Creo que lo importante es ser consciente y responsable de lo que haces y como yo soy responsable, me quiero ir antes de que me falten las facultades.

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